miércoles, 23 de mayo de 2012

rosa y negro



La habitación estaba completamente oscura a excepción del brillo fluorescente del televisor. Roberta, tumbada a mi lado, había estado murmurando críticas entre escena y escena. La mayoría no requería más del 1 por ciento de mi atención, no decía nada que yo, siendo su mejor amiga desde los 10 años, no hubiese oído en alguna ocasión. ”Canciones idiotas, los buenos cantantes deben llorar cuando las oyen… esta película promueve la violencia… esa chica tiene como 14 años, si eso no es pedofilia…”
 En lugar de seguir su conversación con la pantalla,  trataba de desconectarme de la película y de la perorata incansable. Suele ser bastante fácil para mí soñar despierta, además mis amigos casi nunca se enfadan por mi falta de atención, como dice la Pili… “ese mundo al que escapas es tan parte de ti, como tu cabello negó y tu falta de filtro al decirle a la gente lo que piensas”
Aun así, esta noche mi cabeza se negaba a abandonar la habitación, no podía culparla tampoco, estuve todo el día forzándola para recuperar partes de un sueño que había tenido toda la semana.
…un vals llegó a mis oídos sacudiendo la frágil línea de mis recuerdos reprimidos, rápidamente miré el televisor, tratando de concentrarme y recordar donde estaba…
- ¿Una vez en un sueño? ¿De verdad?  Si eso no es un signo de demencia, entonces yo no sé con que llenan los psiquiátricos- dijo Roberta mientras se metía un puñado de papas en la boca.
- supongo que con tus profesores de primero medio y amas de casa que se convierten el asesinas seriales después de ver mucha tele por cable- respondí, trataba de reprimir la voz de la princesa aurora, que volvía a entonar su vals.
- y vuelve a cantar…
- ¿y qué pasa con la cantidad de animales del bosque? ¿Por qué todas estas mujeres deben tener animales como amigos? En mi siglo, eso es claramente un signo de esquizofrenia o de un deseo sexual reprimido. Ya sabes…- dije mientras quitaba el control remoto que estaba incrustado en mi espalda para  poner pausa a la película.- zoofilicos o alguna clase de fetichista del animal print…
-¿es que esas mujeres nunca escucharon de la peste bubónica?-  Roberta hizo una arcada fingida- pero la verdad, tal vez sea una forma de alentar el maltrato animal y la tiranía de una sola vez… los ratones de la cenicienta eran prácticamente esclavos.
-esto fue una pérdida de tiempo- declaré en un bostezo.- no creo que exista gente tan estúpida como para tener fantasías con enanos, carruajes, brujas, manzanas, caballos, agujas, hombres con calzas y finales felices… agrégale un par de preservativos y un látigo, sería la porno más bizarra de la historia.
- tienes razón- aceptó ella con resignación- las mujeres sabemos bien que los cuentos de hadas son producto de la imaginación de sexopatas y traumados trabajadores de Disney. La mayoría de las mujeres tenemos como pareja a un idiota tras otro, para luego terminar a los 25 años, algo asustadas, emparejándonos con el primer titulado medio decente que encontramos, esperando un matrimonio que ojalá no concluya antes terminar de pagar el dividendo de la casa- explicó Roberta mientras se desperezaba.
-Tus planes de vida no son a prueba de suicidas. ¿Me volverías a decir por qué me invitaste a ver cine para niñas de de 7 años?- me levanté del sofá mientras sacudía restos de papas de mi pantalón.
-vamos Julieta, esto es necesario para nuestra investigación.
- ¿No podemos investigar una película con rubias gritando, sangre y desmembramientos?- pregunte, mientras buscaba mi celular.
- ponle un par de preservativos y un látigo, tendríamos la porno más hardcore.
- ya son las 11:30, a las 12 me convierto en calabaza- observé mientras, con algo de esfuerzo desenterraba mi celular del sofá- ¿Cuántas de estas películas vimos hoy? No lo recuerdo… creo que mi cerebro se desconectó cuando el caballo se convirtió en cochero.
- unas cuatro o cinco, tampoco lo recuerdo bien- Roberta lo meditó unos segundos- la bella y la bestia no estuvo tan mal, por lo menos la tipa gozaba de la lectura.
- sí, fue buena- dije sofocando la risa- hasta que siguió los consejos amorosos de la tetera.
- era una tetera sabia, no como el reloj clasista y el candelabro hedonista… sabes que- se corrigió la muchacha- olvida lo que dije, esa película tiene suficientes mensajes subliminales como para ser propaganda de reclutamiento militar gringo.
-¿qué películas veremos mañana? ¿Las que formaron generaciones de adictos a la violencia, las que crearon drogadictos o las que crearán una población completamente bisexual en 200 años más?... estoy motivada como para encontrar mensajes fascistas en bamby.
- no tengo problema con la sexualidad de la población del futuro, nuestro mejor amigo es gay; en cuanto a la droga y la violencia, ese barco zarpó hace mucho, no hay nada que pueda hacer al respecto… oye, nunca me metería con bamby, lloré por una semana con la muerte de su madre.
Le sonreí a su comentario, no creo que Roberta alguna vez sintiera empatía por un venado.
-¿Por qué la Pili no fue arrastrada a ver los clásicos infantiles más cursis de la humanidad?- Pregunté mirando por la ventada abierta. Un arbusto disparejo se movió con fuerza, tal vez el gato obeso de la señora Nora había vuelto a caer del olivo.
-¿bromeas? La Pili debe ser la persona más susceptible al romance sin sentido que alguna vez conoceremos- me espetó ella cruzándose de brazos.
- Oye bruja… ¿Por qué no dejas ver a la gente lo que le venga en gana y listo?-las palabras encaparon incluso antes de poder procesarlas.  
- fea entiéndelo, es por un bien mayor, debemos extinguir a las mujeres sin cerebro y sin más aspiraciones en la vida que casarse con plutócratas guapos.
- Roberta- dije mientras caminaba hacia la puerta- deja a esas futuras mujeres elegir, nosotras crecimos con estas películas y a opinión personal, no hemos hecho tan mal trabajo con nuestras vidas… Nos vemos mañana- agregué mientras salía.
- pero mira todo lo que nos costó…- la escuche murmurar  antes de que la puerta se serrara con un ligero chasquido.


La noche estaba tibia después del infernal calor de la tarde, las hojas se movían perezosas con algo que intentaba ser brisa aunque no lograba refrescar mi ropa, que se pegaba incomoda a mi espalda y cuello. Sequé el sudor de mi nuca mientras caminaba con paso firme hacia mi calle.
Yo lo sabía, Roberta no era simplemente una anarquista que se quedó sin ideas nuevas cuando quiso hacer su revolución, Igualmente era mucho más fácil para mí fingir que así era. Todas las chicas terminamos por aprender que el amor eterno, dulce e incondicional no existe, algunas se caen más que otras en el camino a la experiencia, pero nunca me vi a mi misma como una feminista con deseos de erradicar al desamor de la faz de la tierra, todas debíamos tropezar, todas tropezamos, era una decisión personal. Se nos mostraba un camino y nosotras elegíamos cruzarlo o criar gatos hasta la muerte
 - ojalá el suelo fuese más liso.- farfullé mientras pateaba un trozo suelto del asfalto.
-a mi me parece recto- susurró una voz suave desde el arbusto en la casa de la señora Nora
-las plantas no hablan- respondí al disparejo matorral- genial Julieta, le riñes a las plantas.
Me respondió una misteriosa risita, camuflada con el cantar de los grillos.